lunes, 24 de septiembre de 2012

Conoce la Vaginoplastia


La vaginoplastia es un procedimiento médico que sirve para “endurecer” los músculos vaginales, que pueden verse flácidos con el envejecimiento y/o tras el parto.

Muchas mujeres eligen someterse a la vaginoplastia o a otras cirugías rejuvenecedoras para mejorar su respuesta sexual, aumentar la sensibilidad, aumentar los orgasmos, o para mejorar la estética de los genitales.
Es importante saber que la vaginoplastia y otras cirugías electivas son procedimientos algo controvertidos.

Conocer este tipo de procedimientos es importante para reconocer que las mujeres tienen derecho a embellecer las partes de su cuerpo que quieran, incluyendo sus genitales. Lo que hace que los genitales sean diferentes a otras partes del cuerpo es que normalmente no son expuestos en público. Esto puede llevar a pensar tanto a hombres como a mujeres que sus genitales no necesitan ser corregidos o cambiados.

Ver películas porno puede hacer que una persona se de cuenta de que sus genitales son algo diferentes. Tampoco hay que llevarlo al extremo y hay que recordar que hay una gran variación en la forma de los genitales femeninos y masculinos en todos los sentidos: tamaño, color… Estas variaciones son naturales y normales siempre que no obstaculicen los procesos básicos de la actividad biológica, fisiológica, o sexual.

La cirugía reconstructiva sirve para mejorar la función de una parte del cuerpo, mientras que la cirugía cosmética cambia la estética de un cuerpo para parecer más “normal”.
Originalmente muchas vaginoplastias se realizaban simplemente con propósitos reconstructivos, como por ejemplo la fijación de un defecto de nacimiento en una mujer. En las cirugías para corregir la agenesia vaginal, en el que la vagina está mal formada, la vaginoplastia se utiliza para permitir a la niña a menstruar, orinar y tener relaciones sexuales.


viernes, 21 de septiembre de 2012

Relaciones sexuales durante la menstruación


Cada vez son más las parejas que se animan a mantener relaciones sexuales también durante la menstruación, y es que en estos días la mujer tiene una mayor sensación en la zona pélvica y en la zona genital, lo que favorece a su excitación, además de que practicar sexo cuando una mujer está menstruando ayuda a aliviar los síntomas.

Hasta hace bien poco, la menstruación ha sido un tema muy sensible para miles de mujeres, algunas creían que no debían cortarse el pelo durante estos días del mes o que había que guardar reposo y no practicar ni sexo ni ningún deporte. Pero ahora estos mitos han dejado de creerse, y las jóvenes se preguntan si es bueno practicar sexo durante la menstruación.

La respuesta es sí, como te hemos dicho anteriormente, la regla ayuda a la excitación de la mujer. Pero durante estos días se deben tomar las mismas precauciones que los demás días, es decir hay que protegerse de los embarazos no deseados y de las enfermedades de transmisión sexual, y para ello nada mejor que la utilización del preservativo.

La doctora Laura Berman afirma que es completamente seguro mantener relaciones sexuales durante la regla, siempre que utilice protección. Además afirma que los mitos sobre las relaciones sexuales y la menstruación se originaron en mayor medida en textos religiosos, y científicamente nunca se han podido demostrar.

Lo importante es hablarlo con la pareja, y si ambos están de acuerdo, solo tienen que mantener una higiene, para que la experiencia no resulte desagradable, para ello es aconsejable darse una ducha antes y después, y limpiar bien la zona, únicamente con agua. O bien pueden practicar sexo cuando se estén duchando, así la higiene será mayor.

Alimentos y bebidas que destruyen el deseo sexual


El cuerpo es como una máquina que funciona de maneras diversa a raiz de los estímulos que recibe, siendo alguno de los más influyentes los que tienen que ver con la alimentación.

Los alimentos puede cambiarlo todo por completo, influyen no solo en la energía que ofrecen al cuerpo y en el aumento de peso, sino además en el estado de ánimo e inclusive en el apetito sexual, por eso hay que tener en cuenta evitar ciertas comidas y bebidas que se encargan de destruir la líbido, y con eso la vida sexual de muchas parejas.

Uno de los principales enemigos del deseo son los alimentos grasos y de mala calidad, presentes sobre todo en la comida chatarra tales como las hamburguesas y los hot dogs, ya que si bien son los preferidos de la gran mayoría es valioso destacar que se producen con altas tasas de productos químicos que son capaces de crear un desequilibrio hormonal en el individuo que los consumen, por eso sobre todo hay que evitar comer carnes de mala calidad, o comidas compradas en puestos que nos hagan dudar de su higiene.

Los productos fritos como las papas, el pollo y otra gran cantidad de productos del mismo estilo también pueden resultar fatales ya que pueden contener grasas trans, las que al consumirlas alteran las tasas de azúcar en sangre por lo tanto provocan que la persona se sienta llena y adormilada, más para una noche de sueño que para una de acción, ya que sin energía es sumamente difícil ponerse en plan de conquista, o satisfacer los deseos sexuales de la pareja. Lo mejor es mantenerse liviano y lejos de los productos fritos.

Otro de los grandes enemigos de un buen desempeño sexual es otro de los preferidos de muchos: el alcohol. Contrario a lo que se pueda creer sobre el consumo de bebidas alcoholicas a la hora de intentar soltarse, despreocuparse y disfrutar de una buena noche de sexo, lo que ocurre es que este producto genera sueño y aletarga los canales receptores que son los necesarios para generar excitación. Lo que hay que evitar es beber en exceso y a diario, en lo posible hay que acompañar la bebida con agua para mantenerse hidratado a todo momento.

Los lácteos presentes en quesos, yogures, helado y otros preparados también pueden ser perjudiciales en exceso, ya que pueden constipar al individuo haciendo que se sienta hinchado e incómodo, y en las mujeres provoca un aumento en el nivel de dolor y malestar generado por la menstruación, por lo que los cólicos fuertes y la hinchazón estarán a la hora del día, por lo tanto es prácticamente imposible sentirse sexy de esa manera.

Los expertos en nutrición sabrán guiarlo en las cantidades que debe comer por semana.

8 frases que las mujeres odian escuchar después del sexo


Cerca de 4.000 personas participaron en una encuesta realizada por el sitio de Entremujeres, en la que se consultaba sobre cuáles eran las frases que odiaban escuchar después del sexo. La respuesta femenina es contundente.

A continuación te dejamos las respuestas más frecuentes.

1.- “Me tengo que ir”
Ésta es la frase que más rechazan las mujeres luego de una noche de pasión, pues según el sondeo, el 41% busca atención y que el hombre le comente cuánto disfrutó de la relación sexual y, más aún, que no salga corriendo.

2.- “¿Dónde está el control remoto?”
Después de una relación sexual las mujeres (por lo menos la mayoría) buscan caricias y regaloneos, por lo que ponerse a ver televisión u otra cosa provocarán el enojo de tu pareja. El 19% de las féminas que respondieron a la encuesta votó por esta opción.

3.- “No tengo ganas de hablar”
Bien sabido es que las mujeres odian la indiferencia y no ser escuchadas, es por esto que rechazarán completamente esta frase, pues consideran que hablar es la oportunidad para conocer intimidades y conocerse mejor. La mayoría valora el encuentro sexual y lo que viene después de él, por lo que el 16% de las participantes dice sentirse frustrada cuando escuchan esta frase.

4.- “No quiero compromisos”
Cuando has “intimado” con una persona con la que no tienes una relación pero te gusta y considerabas que el haber estado en la cama con él era el broche de oro, esta frase es como un balde de agua fría. El 12% dijo odiar estas tres palabras.

5.- “¿Me puedo quedar?”
Esta frase es todo lo contrario a la número 1. Si lo que buscas es sólo un affaire, odiarás cuando el hombre te pida pasar toda la noche contigo y por la mañana tomar desayuno juntos. Al 10% de las mujeres que respondieron la encuesta dijeron sentir terror de escuchar esta frase.

6.- “Cómo estuvo?
No falta el tipo egocéntrico que de lo único que quiere hablar después de la relación sexual es de “cómo estuvo en la cama”. Con esto sólo dejan entrever su inseguridad.

7.- “Estás más gordita”
Esta es una de las peores frases (o la peor) que podría decir un hombre, pues ataca la autoestima de su compañera. Puede que ella no diga nada, pero lo que sí es seguro es que no querrá volver compartir su cama con el mismo hombre.

8.- ¿Son naturales?
Es sabido que a los hombres no les gustan las mujeres “planas”, pero de ahí a preguntar si son naturales, es el colmo de la desubicación.

Gestos que delatan a una mujer insatisfecha en la cama

En muchas ocasiones las mujeres no quieren hacer sentir mal a su compañero de cama cuando una relación sexual no le ha dejado bien, pero hay gestos que las delatan, y hoy vamos a ver cuales son estos gestos.

Tanto hombres como mujeres vivimos intentando mantener en secreto nuestras emociones para no herir a los demás, pero hay gestos que expresan mucho más que las palabras, por ejemplo, nada más terminar la relación sexual salir huyendo de la cama

Es algo que hacen algunas mujeres, y también algunos hombres cuando la relación sexual ha sido un desastre.

Cuando una relación sexual es placentera tendemos a quedarnos un rato al lado de nuestra pareja. Mientras que cuando no estamos satisfechos salimos corriendo de la cama y es como decirle a la cara que el sexo ha sido un desastre.

Si es una relación esporádica o no viven en la misma casa, y ella o él te dice, mejor me voy a mi casa a pasar la noche o pone cualquier excusa para no dormir contigo, es algo evidente, no le ha gustado y no quiere repetir.

Y por último, si una mujer se encierra en el baño después del sexo y no hay manera de que salga, es probable que el sexo no le haya gustado.


sábado, 15 de septiembre de 2012

¿Por qué fingimos?

Entre la satisfacción actuada y el imperativo que obliga a satisfacer al otro.

En el mundo de las relaciones sexuales, hay un verbo que se impone: “satisfacer”.
Para ellos tiene implicancias de calado más hondo, ya que los obliga a “sostener” la escena sexual hasta que su partenaire da las señales de estar cabalmente satisfecha. Es decir: son puestos a prueba y su virilidad parece en constante examen. Por su parte, ellas tienen la ventaja de poder resultar siempre “perfectas” en eso de exhibirse plenas, en base a esas inconfundibles manifestaciones que no dejan dudas de “estar plenas”.

Esto, que la mayoría de los hombres vive como “certificado de una buena performance”, muchas veces no es lo que parece. ¿Por qué? Porque más del 50 por ciento de las mujeres alguna vez fingió un placer que no siempre puede sentir y que, en otros casos, no han conocido nunca. Lo más llamativo es que muchas, una vez que ensayan -¿el arte?- de fingir no lo abandonan.

El show debe continuar

“Finjo mi orgasmo porque sé que nunca lo voy a conseguir, y así, por lo menos, puedo hacer que mi pareja disfrute igual. La primera vez lo hice porque él lo esperaba y yo sabía que no me iba a pasar. La segunda, porque ya lo había hecho antes”, justifica Mariel, de 32 años.

Edith Martin, médica sexóloga, describe estos comportamientos como “la reproducción de un círculo vicioso. La mujer empieza a fingir para aparentar que ella (y él) son buenos amantes, y continúa haciéndolo para evitar que él se desilusione. Y se siente atrapada”. Hay, por debajo de esta puesta en escena, un gran desconocimiento del propio cuerpo y de la sensación orgásmica real. O dicho de otro modo: exceso de ansiedad, tensión, inseguridad.”

¿Por qué (no) me pasa?

“Una experiencia espiritual”, “el rugido del océano”, “la petit mort”. Tantos rótulos magnifican la experiencia del orgasmo que se hace difícil visualizarlo como lo que es: “un reflejo que depende del sistema nervioso e implica una sensación de placer junto con la contracción rítmica de los músculos pubococcígeos”, explica Martin. Para producir la respuesta orgásmica, se necesitan caricias adecuadas en el sitio preciso: el clítoris. Aunque abundan los mitos sobre el “orgasmo vaginal” o “combinado”, en realidad, sin clítoris no hay orgasmo.
Y lo cierto es que este órgano, por su ubicación y tamaño, necesita estímulos específicos. “La penetración es un elemento secundario para obtener placer sexual. Es inusual que las mujeres alcancen el clímax sólo a través de la fricción causada por la penetración”, dice Jonathan Margolis, autor de O-Historia íntima del orgasmo.

El placer de mentir

Hablando de fingir, es imposible no evocar la escena de “Cuando Harry conoció a Sally”, en la que Meg Ryan le demuestra a su amigo Harry cómo las mujeres actúan un orgasmo “épico”, en medio de un concurrido restaurante.

Al margen de la capacidad de cada hombre, de distinguir entre un clímax verdadero de uno falso, “no todas las mujeres anorgásmicas fingen. En el caso de las que lo hacen, enfrentan dos problemas: por un lado, la disfunción orgásmica; por el otro, la necesidad de fingir. Ahora, fingir ¿reporta algún beneficio?”. Para Martin, sí. Y según la tipología femenina, serían estos:

1) Las complacientes, que buscan lograr la satisfacción de su amante. No se hacen cargo de su propio deseo y toman la actividad sexual como una obligación. Están inmersas en “la idea cultural falsa que hace responsable al hombre de llevar a la mujer al orgasmo”, describe el psiquiatra y sexólogo Andrés Flichman, y fingen para que su compañero se quede tranquilo creyendo que cumplió con la obligación de darle placer a su mujer. “Estas mujeres experimentan poco o ningún placer: para ellas es un ‘deber’, y cuanto antes termine, mejor. Es decir, que el beneficio de fingir el orgasmo es acortar el tiempo de la obligación marital”, dice la sexóloga.

2) El grupo de las frustradas. O las “jubiladas del sexo”. Ellas fingen porque creen que nunca tendrán un orgasmo, como en el caso de Mariel. Según Martin, “disfrutan, sienten placer, pero son incapaces de relajarse. Luego, cansadas de que su pareja intente estimularlas de distintas formas, lo ‘actúan’ para que el varón se sienta bien y no generarle fantasmas sobre su virilidad que lo llevan a abandonarla”.

En la actualidad, no alcanzar el orgasmo es visto como un fracaso. Y el gran error es ‘patologizar’ la anorgasmia femenina. ”El orgasmo está muy sobrevalorado en la sociedad, hay una constante presión para llamar anorgásmica a la mujer que no puede alcanzarlo fácilmente, cuando en la realidad el orgasmo femenino no es algo simple de obtener para una gran mayoría”, completa Flichman.

Los perjuicios de la mentira

“A los varones les molesta mucho más la mentira que la falta de orgasmo en sí”, dice Elda Bartolucci, psicóloga y sexóloga. ¿Por qué? Porque la segunda es mucho más fácil de solucionar, con buena comunicación, cambiando de tácticas, hablando de lo que les gusta, probando una y otra vez. En cambio la primera puede ser indicadora de falta de sinceridad y, en consecuencia, de otras mentiras en la pareja.

Hombres vestidos de mujer: ¿fantasía o realidad?

Hay varones que se prueban corpiños, se maquillan, se disfrazan de personajes femeninos… ¿Es un juego o son homosexuales encubiertos? Qué hacer si los descubrimos en esa situación.

Es bastante frecuente encontrarnos con aquel familiar hombre (padre, tío, primo, cuñado, etc.) que en las fiestas le gusta vestirse de mujer. Y hasta determinados ritos culturales, como las “despedidas de soltero”, incorporan esta práctica de travestismo.

Usar indumentaria del sexo opuesto forma parte de muchas costumbres en diferentes culturas. También los cambios en las estructuras de género, sobre todo en las mujeres, han llevado a una ropa más unisex. A diferencia de otras, las fantasías de “ser de otro sexo” tienen la fuerza de la concreción (aunque sea por un momento).

Existen varias prácticas relacionadas con el tema:

* Transformismo o drag queen: no es una opción ligada a la orientación sexual ni tiene objetivos erótico- estimulante. Sus fines son artísticos. El actor se convierte en mujer en el escenario pero no usa su recurso expresivo en la cama. No se cuestiona la identidad de género. Se diferencia, así, de las personas transgénero, transexuales o intersexuales que tienen que adaptar su cuerpo (por medio de hormonas, intervenciones estéticas o cirugía de reasignación) para buscar coherencia entre el sexo psicológico y el sexo biológico.

* Crossdressing: es una práctica que lleva a varones heterosexuales a concretar sus fantasías. No está asociada al placer sexual, sino a liberar “el lado femenino”, una especie de gusto por usar sus prendas, accesorios, maquillaje y hasta nombres de mujer. En general se realiza en secreto por la vergüenza que produce, aunque cada vez más hombres confían a sus parejas sus preferencias. Hasta se acompañan mutuamente a comprar ropa, o frecuentan clubes especiales para crossdressing. En nuestro país todavía es muy poco conocido y marginal. Sin embargo, ya existen lugares donde los hombres pueden concurrir y hasta reciben asesoramiento en vestuario y maquillaje para “montarse” o producirse.

* Fetichismo transvestista: actualmente está considerado un trastorno sexual (se ubica dentro de las parafilias). Consiste en sujetos heterosexuales (generalmente hombres) que buscan alcanzar el máximo placer sexual vistiéndose con alguna prenda del sexo opuesto (ejemplo: lencería, medias, vestidos, etc.). La mayoría de estos varones están casados o en pareja. La particularidad es que tienen una conexión más fuerte e intensa con el objeto fetiche que con su mujer. Desean estar con ella, tener relaciones sexuales, pero el clímax lo alcanzan cuando usan o se frotan con el objeto femenino.

"Todo es posible en la cama"

La intimidad de una pareja puede incluir el intercambio de ropa, el juego de roles, y hasta el uso masculino de consoladores. Todo es posible en la cama. Si un varón se viste con ropa de mujer dentro del juego erótico y dicha práctica no es condición para tener sexo, no debería llamar la atención. No implica nada más ni nada menos que buscar nuevos recursos para disfrutar.

Considerar que ese hombre es un homosexual encubierto es un error. La homosexualidad es un deseo de amar y/o tener relaciones con alguien del mismo sexo y no implica usar indumentarias ni accesorios del sexo opuesto.